Altas cifras de deserción de Bachillerato plantean dudas sobre su continuidad

El cierre de este programa en la U Católica desató la polémica. Entre sus
aspectos positivos destacan la formación de habilidades blandas.

Hoy Bachillerato es uno de los programas más atractivos para los jóvenes
chilenos, y sus cupos se llenan todos los años, con puntajes que van al
alza. Para el proceso de admisión 2007, según datos del Consejo Superior de
Educación, tuvo más de dos mil vacantes y para este año se prevé un aumento
de un 7%. Y los puntajes de ingreso han subido más de cien puntos desde su
creación. De allí que el reciente anuncio de la UC de cerrar las matrículas
a partir de 2009, para reemplazarlo por el college, desatara la polémica.

LAS DOS CARAS DE BACHILLERATO
Cuando fue creado en la Universidad de Chile en 1994, los académicos de esa
institución se aseguraron de que su diseño entregaría un grado académico,
que si bien no conduciría a un tÍtulo profesional, permitiría trabajar, por
lo menos, en equipos de investigación. “El mercado laboral chileno nunca
estuvo preparado para dar empleo a jóvenes que tenían conocimientos
variados, pero que no egresaban con un título”, dice Luis Mencke,
subdirector del Bachillerato de ese plantel. Así, Bachillerato quedó como un
“quinto medio”, un híbrido que poco aportaba en la vida práctica.
Es el mismo diagnóstico que hacen en la UC. “Al ser concebido como un
programa pre-profesional tenía altos niveles de deserción”, dice Juan José
Ugarte, vicerrector académico de la institución.

De hecho, en ese plantel la deserción al primer año del programa en Ciencias
llegaba al 30% y en Ciencias Sociales era de 12%, mientras que la deserción
del resto del plantel sólo bordea el 8%. En la U. de Chile, las tasas de
deserción también bordean el 30%, mientras que en Los Andes es de un 15% y
en la Usach alcanza a un 28%. ¿La razón? Estudiantes que aprueban el primer
año, pero que luego se retiran para volver a dar la PSU e ingresar a otra
carrera, convalidando los ramos ya aprobados.

En general, en Chile, el programa de Bachillerato nació con dos enfermedades
endémicas. Primero, la escasez de flexibilidad de las mallas de las carreras
del pregrado, lo que obligó a muchos bachilleres a tomar, sobre todo en las
carreras más técnicas, la mayoría de los ramos de primer año, alargando sus
estudios. Y la escasez de cupos para continuar los estudios, en especial en
las carreras más demandadas.

LOS PUNTOS POSITIVOS
Sin embargo, pese a que la propia UC decidió cerrarlo, el análisis del
plantel es que el Bachillerato tenía aspectos positivos que serán rescatados
en el college.

Por ejemplo, el hecho de potenciar las habilidades blandas, como liderazgo,
apertura social y participación. Según un estudio realizado por el
Departamento de Sociología de la institución, el 60% de los alumnos que
estaban en Derecho y que provenían de Bachillerato asistía frecuentemente a
conciertos y otras actividades artísticas. De los alumnos de la carrera que
habían ingresado directamente a ésta, sólo el 48% asistía a estas
actividades. “El Bachillerato permitía interactuar más con otros alumnos de
la universidad, además se estimula a los estudiantes a elegir sus ramos y a
obtener logros”, explica Ugarte.

Una visión que es compartida por otras universidades. “Entrega habilidades y
competencias dentro de la universidad a jóvenes que no reciben la suficiente
orientación vocacional al de la media”, dice Alvaro Muñoz, director de
Bachillerato de la UDD. Por eso, estos planteles aún ven lejano el cierre de
los programas.

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